
Cada año nos acostumbramos a ver, al menos aquí en Argentina, los resultados que dejan los festejos de la noche buena. Casi como una rutina finamente planeada, los medios de comunicación son los encargados de dar a conocer las secuelas de los festejos, accidentes de tránsito ocasionados por conducir luego de beber más alcohol que el de la cuenta, niños y adultos lastimados por quemaduras de juegos artificiales, y en otras veces episodios de violencia generados por problemas familiares.
Es que nuestra sociedad asocia el festejo de la navidad a situaciones que nada tiene que ver con la celebración en sí. Cuando se piensa en esta fecha, automáticamente lo primero que viene a la mente es; ¿Qué vamos a comer?, ¿Qué vamos a tomar?, ¿Qué nos van a regalar?. La misma sociedad de consumo en la que estamos inmersos aprovecha esta fecha para hacernos creer que es un árbol artificial con luces, un Santa Claus o Papá Noel, las decoraciones de los centros comerciales enfatizan la frase “Feliz Navidad”, pero paradójicamente son pocos, al menos los que conozco que la festejan de verdad.
Porque navidad es la celebración por el nacimiento de Jesús, pero solo nos hemos conformado con un ritual que se debe cumplir solo por tradición.
Que extraña paradoja, decimos celebrar algo que en realidad no festejamos, y nos conformamos a una miserable variedad de comidas, muchas bebidas, juegos artificiales y tradición, solo tradición, mientras tanto el dueño del festejo queda totalmente excluido de “su fiesta”.
Quizás sea momento para replantear como son nuestras fiestas, y cual es la real prioridad por la que nos convocamos a celebrar, y no solo asociar este día a las grandes comilonas, accidentes de tránsito por excesos de alcohol, victimas de la pirotecnia o la violencia.
Jesús dijo: Por sus frutos los conoceréis.
Me tomaré el atrevimiento de parafrasear el texto de esta manera:
Dime cual es el fruto de tus fiestas y te diré que festejas.
Desde mi punto de vista, el problema de esta superficiabilidad es la consecuencia de la falta de profundidad por no haber conocido al dueño del festejo.
Navidad, tiempo propicio para que Jesús cambie tu vida para siempre, déjalo entrar, El está golpeando la puerta de tu hogar.